Ecofeminismo:

otra propuesta

anticientífica

en nombre de

las mujeres

 

Las ideas pseudocientíficas

de Vandana Shiva, una de las

siete feministas más

influyentes del mundo, y de

otras cultoras del "feminismo

ecológico" hispanoparlante,

y los perjuicios que supondría

su aplicación para la

humanidad.

 

 

 

@RoxanaKreimer

@feminisciencia

@feminiscience

Feminismo científico

El ecofeminismo fue creado por Françoise d’Eaubonne en 1974 por una mera asociación de ideas a la que se le atribuyó una relación causal (Falacia de la falsa causa): mujer y naturaleza han sido tradicionalmente asociadas y "explotadas" por la racionalidad y la "ciencia patriarcal".

El movimiento abrevó en el concepto de razón instrumental de los filósofos Teodoro Adorno y Max Horkheimer, que en su libro "Dialéctica de la Ilustración" postulan la idea tantas veces celebrada por el irracionalismo posmoderno de que la racionalidad instrumental de Occidente se ha basado en la explotación de la naturaleza y de seres humanos, al punto en que esa racionalidad se refleja en el sistemático e "industrial" exterminio llevado a cabo por los nazis en las cámaras de gas. De lo que no hablan Adorno y Horkeimer es de cómo la racionalidad que signó a la cultura occidental logró prolongar la vida humana y disminuir la violencia y la discriminación a lo largo de los siglos (Para más información sobre este tema, recomendamos ver "Steven Pinker sobre el mito de la violencia"). Y de lo que no hablan las ecofeministas es de cómo es esa misma racionalidad occidental la que permitió que hoy haya más mujeres que gozan de libertades que en ninguna otra época de la historia.

En 2010 la revista Forbes consideró a la ecofeminista hindú Vandana Shiva como una de las siete feministas más influyentes del mundo.

En su militancia se destacan las siguientes acciones:

-Rechazó ayuda humanitaria para paliar una hambruna en la India, aduciendo que quienes la recibieran serían objeto de un experimento.

-Rechaza la distribución de un arroz enriquecido con betacaroteno  que ayudaría a evitar que en los países pobres cientos de miles de niños al año queden ciegos o mueran por carencia de vitamina  A, bajo el argumento de que atentaría contra la biodiversidad y privaría a las madres del tercer mundo de seleccionar una dieta balanceada, sin advertir que el arroz como alimento casi exclusivo tampoco lo es.

-Se opone a la ciencia como método de producción de conocimiento pero se valida a sí misma con títulos científicos que no posee. Dice que es física cuántica, pero solo se le conoce un doctorado en filosofía de la ciencia.

-Promueve el parto en el campo, sin ver las mujeres que mueren por ello ni observar que las cifras de muertes durante el parto han  caído significativamente gracias a la medicina moderna.

-Cuestiona los organismos genéticamente modificados (OGM), pese a que no existe ninguna evidencia de que sean dañinos. (Ver "Transgénicos: 110 Premios Nobel sostienen que «los alimentos procedentes de organismos modificados son tan seguros como los que se producen a partir de cultivos convencionales».) Y también el video "Científico Neil deGrasse Tyson. Alimentos Transgénicos."

 

-Rechaza los pesticidas y la producción en masa, sin entender que gracias a la biotecnología es posible alimentar a la población mundial con especies mejoradas, algo que sería imposible con la agricultura orgánica, sin fertilizantes ni pesticidas.

-Niega que la Revolución Verde haya ayudado a mejorar la producción alimenticia en el Tercer Mundo a través de especies mejoradas. La iniciativa le valió el Nobel de la Paz al biólogo Norman Borlaung, y ayudó a que la India fuera autosustentable con la producción de cereal en 1974.

El pensamiento de Shiva se basa en la falacia naturalista, por la que se pretende calificar como "bueno" e imperativo todo lo natural, olvidando que tanto el arsénico como la miopía lo son, sin por ello ser buenos, y también en la falacia genética, tal como señala pertinentemente en su artículo escéptica.org, según la cual toda tradición sería buena porque ha perdurado a lo largo de los siglos.  

Para el "Ecofeminismo" la mujer y la naturaleza formarían parte de una misma entidad que debería luchar contra el patriarcado y "el cientificismo". Pero es  la ciencia y la tecnología que Shiva desprecia la que permite generar alimentos de manera más eficiente y sustentable y la que combinada con buenas políticas distributivas podría acabar con la pobreza en el mundo.

En idioma español el ecofeminismo  fue abordado en el libro “Mujeres y ecología. Historia, pensamiento, sociedad”, editado por  María Luisa Cavana, y a la Argentina ya llegaron variantes del ecofeminismo. La doctora en filosofía Paula Nuñez  es la autora del libro "Distancias entre la ecología y la praxis ambiental. Una lectura crítica desde el ecofeminismo (Editorial Edulp, 2011)", y sostiene en un artículo de Página 12 (12-3-2012) que el ecofeminismo "ofrece una perspectiva que muestra cómo un imaginario patriarcal sesga el mapa de comprensión del problema de la naturaleza”. Se acercó al ecofeminismo a través de la filósofa María Luisa Femenías y no abreva en trabajos científicos, sino en las metáforas y asociaciones de ideas que proponen  los estudios de género, en particular las que ligan a la mujer con la naturaleza.

Shiva ofrece esta misma asociación de ideas que pretende pasar por explicación causal, sugerida por la feminista Sandra Harding, cuando vincula la metáfora de "violar" a la naturaleza con la de "violar" mujeres.

Otra variante pseudocientífica que llegó a la Argentina es la "Jineología", un movimiento que parte de la solidaridad efectiva de las  kurdas para evaluar que la cultura es violenta y sexista, y es preciso crear una ciencia de mujeres.  En la Facultad de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires los alumnos organizaron el 16 de noviembre del 2017 una conferencia en la que participaron Lucía Ciccia, una biotecnóloga que niega el dimorfismo sexual, pese a la copiosa evidencia en su favor, y la feminista Roma Vaquero Díaz, que habló de "Jinealogía", destacando que es preciso crear una "ciencia de mujeres", apelando a los mismos lugares comunes de la epistemología feminista y del ecofeminismo. 

En sus diversas variantes, el feminismo posmoderno aún ignora las investigaciones científicas fundamentales que le permitirían conocer las diferencias de sexo y realizar buenos diagnósticos para los problemas de hombres y mujeres. Critica el método científico pero nunca propone un "nuevo método científico" sino temas que la misma ciencia que desprecian ha logrado investigar con éxito para mejorar la vida de la humanidad.