Los primeros negadores de la evolución eran religiosos, pero no evitaban que los científicos evolucionistas se expresaran en la academia. El feminismo hegemónico y amplios sectores de la izquierda son los actuales negadores de la evolución. No aceptan su impacto en el cerebro, dominan en la academia y a menudo hacen peligrar los puestos de trabajo de los científicos evolucionistas.

 

Cómo la corrección política pasó de proteger minorías a convertirse en autoritarismo

 

Fragmentos de un artículo del biólogo evolucionista Colin Wright en Quillette, traducido al español por el sitio "De avanzada"

 

 

 

​Los religiosos fueron los primeros negadores de la teoría de la evolución, ya que contradecía su convicción de que el mundo fue creado por Dios. Hoy hay nuevos negadores de la evolución, básicamente amplios sectores de la izquierda y feministas que sostienen que toda conducta humana es producto de la socialización, en especial en lo que respecta al cerebro, ya que presumen que si no naciéramos como páginas en blanco esto legitimaría una inequidad que operaría como punto de partida de la vida humana. "A pesar de que no hay ninguna evidencia a favor de la psicología de la tábula rasa (la teoría de que nuestro cerebro nace como una página en blanco), y una montaña de evidencia en contra, esta creencia se atrincheró dentro de las paredes de muchos departamentos universitarios de humanidades donde a menudo se enseña como un hecho", señala el biólogo Colin Wright.  Actualmente el problema es más grave que en tiempos en que los evangélicos de derecha no aceptaban la evolución, ya que ellos no tenían poder en la academia, mientras los activistas de izquierda y las feministas que sostienen que nacemos como páginas en sí tienen poder en la academia y, a diferencia de lo que ocurrió en el siglo XIX, en muchos casos denuncian a los científicos que presentan públicamente evidencias en favor del evolucionismo, que ven peligrar su trabajo en la poco democrática actitud de censura del derecho constitucional a la libertad de expresión. Sin embargo, la biología nada nos dice sobre cómo se debe organizar la sociedad. Destacamos algunos párrafos del artículo original que puede ser encontrado completo y en español aquí.

"Contraintuitivamente, la postura de la justicia social sobre la evolución humana se asemeja mucho a la de la Iglesia Católica. La visión católica de la evolución generalmente acepta la evolución biológica para todos los organismos, pero sostiene que el alma humana (sin importar su definición) ha sido creada especialmente y por lo tanto no tiene un precursor evolutivo. De manera similar, el punto de vista de la justicia social no tiene ningún problema con las explicaciones evolutivas para moldear los cuerpos y las mentes de todos los organismos, tanto entre las especies como dentro de ellas, con respecto al sexo, pero insiste en que los seres humanos son especiales en el sentido de que la evolución no ha jugado ningún papel en la conformación de las diferencias observadas en el comportamiento ligado al sexo. No está claro por qué las fuerzas biológicas que dan forma a toda la vida deberían estar únicamente suspendidas para los seres humanos. Lo que está claro es que tanto la Iglesia Católica como los justicieros sociales bien intencionados son culpables de manipular la biología evolutiva para hacer a los humanos especiales y mantener el ácido universal a raya.

Al principio, el rechazo de la izquierda a la evolución apareció en gran medida en respuesta al campo de la psicología evolucionista humana. Desde Darwin, los científicos han aplicado con éxito los principios evolutivos para comprender el comportamiento de los animales, a menudo con respecto a las diferencias de sexo. Sin embargo, cuando los científicos comenzaron a aplicar su conocimiento de los fundamentos evolutivos del comportamiento animal a los humanos, el avance del ácido universal comenzó a amenazar las creencias sostenidas por la izquierda. El grupo que más fervientemente se opone, y todavía se opone, a las explicaciones evolutivas de las diferencias de comportamiento sexual en los seres humanos fueron/son justicieros sociales. Las explicaciones evolutivas del comportamiento humano desafían su compromiso a priori con la psicología de la "tábula rasa" — la creencia de que los cerebros masculino y femenino de los seres humanos empiezan siendo idénticos y que todo comportamiento, ligado al sexo o no, es enteramente el resultado de diferencias en la socialización. Esta postura se mantiene por la creencia de que las explicaciones evolutivas de las diferencias conductuales ligadas al sexo son biológicamente esencialistas, que es la noción fatalista de que la biología por sí sola determina directamente nuestro comportamiento. Sin embargo, la psicología de la tábula rasa es universalmente rechazada por los expertos, ya que la evidencia de las diferencias innatas de personalidad ligadas al sexo en humanos es abrumadoramente fuerte. Pero los expertos también rechazan universalmente que este punto de vista requiera que adoptemos el esencialismo biológico, porque el entorno juega un papel, y las diferencias observadas entre los sexos son simplemente promedios y se superponen tremendamente entre los sexos. El sexo no determina la personalidad de uno más de lo que determina su altura. El sexo ciertamente influye en estos rasgos, pero no los determina. Por ejemplo, la mayoría de nosotros conocemos mujeres que son más altas que la mayoría de los hombres, y hombres que son más bajos que la mayoría de las mujeres, aunque todos sabemos que los hombres son, en promedio, más altos que las mujeres. En los humanos, lo mismo ocurre con los rasgos de la conducta.

Yo soy ecólogo de la conducta evolutiva, y la mayor parte de mi trabajo se centra en cómo las diferencias individuales en el comportamiento (es decir, la personalidad) influyen en la aptitud individual, y en el comportamiento colectivo y el éxito de las sociedades animales. Probablemente la mayoría no lo sabe, pero la investigación de la personalidad animal es un campo vibrante dentro de la ecología del comportamiento debido a la ubicuidad de la personalidad como fenómeno en la naturaleza, y su capacidad para explicar las interacciones tanto dentro de las especies como entre ellas. En casi todas las especies examinadas hasta la fecha para detectar la presencia de la personalidad, la hemos encontrado, y las diferencias de personalidad ligadas al sexo son frecuentemente las más llamativas. Las diferencias de personalidad ligadas al sexo también están muy bien documentadas en nuestros parientes primates más cercanos, y la presencia de dimorfismo sexual (es decir, diferencias de tamaño entre machos y hembras) en los primates, y en los mamíferos en general, intensifica drásticamente estas diferencias, especialmente en rasgos como la agresión, la selectividad de las hembras, el territorio, la conducta de aseo personal, y el cuidado de los padres.

Dado que los humanos son sexualmente dimórficos y exhiben muchos de los rasgos de comportamiento típicos ligados al sexo que cualquier observador objetivo predeciría, basados en las tendencias de los mamíferos, la afirmación de que nuestras diferencias de comportamiento han surgido puramente a través de la socialización es dudosa en el mejor de los casos. Para que eso sea verdad, tendríamos que postular que las fuerzas selectivas de estos rasgos desaparecieron inexplicablemente y de manera única sólo en nuestro linaje, llevando a la eliminación de estos rasgos sin ningún vestigio de su pasado, sólo para tener estos rasgos plenamente recapitulados en el presente debido a la socialización. Por supuesto, la explicación más evidente y directa es que exhibimos estos rasgos de comportamiento clásicos ligados al sexo porque los heredamos de nuestros antepasados primates más cercanos.

Ahora, armados con lo que perciben como una verdad indiscutible cuestionada sólo por fanáticos sexistas, responden con muy practicada indignación a los puntos de vista alternativos. Esto ha resultado en un efecto de inhibición que causa que los científicos se autocensuren, para que estos activistas no los acusen de intolerancia y soliciten a sus departamentos que los despidan. He sido contactado en privado por colegas cercanos y de ideas afines que me advirtieron que mis disputas públicas con justicieros sociales en redes sociales podrían ser suicidio ocupacional, y que debería retirarme y borrar mis comentarios de inmediato. Mi experiencia es cualquier cosa menos única, y el problema se está intensificando. Recientemente, este miedo se ha hecho realidad cuando los justicieros sociales fueron demasiado lejos epistemológicamente afirmando que la noción misma de sexo biológico también es una construcción social. (Nota agregada por nosotros a la cita: Para una visión científicamente informada sobre el tema ver Sex and Gender Are Dials (Not Switches) Sexual diversity as obliquely interconnected dimensions)

Como biólogo, es difícil entender cómo alguien puede creer algo tan extravagante. Es una creencia a la par de la creencia en una Tierra plana. Más recientemente, la revista científica más prestigiosa del mundo, Nature, publicó un editorial en el que afirmaba que la clasificación del sexo de las personas "sobre la base de la anatomía o la genética debería ser abandonada", que "no tiene base científica", y que "la comunidad médica y de investigación considera que el sexo es ahora más complejo que el masculino y el femenino". En el artículo de Nature, el motivo está suficientemente claro: reconocer la realidad del sexo biológico "socavará los esfuerzos para reducir la discriminación contra las personas transgénero y aquellas que no caen dentro de las categorías binarias de hombre y mujer". Pero mientras que hay evidencia de la fluidez del sexo en muchos organismos, éste simplemente no es el caso en los humanos. Podemos reconocer la existencia de casos muy raros en humanos donde el sexo es ambiguo, pero esto no niega la realidad de que el sexo en humanos es funcionalmente binario. Estos editoriales no son más que una forma de sofistería científica y políticamente motivada.

La fórmula para cada uno de estos artículos es sencilla. Primero, enumeran una multitud de condiciones intersexuales. Segundo, detallan los genes, hormonas y procesos complejos de desarrollo que conducen a estas condiciones. Y, tercero y último, levantan las manos e insisten que esta complejidad significa que los científicos no tienen ni idea de lo que es realmente el sexo. Todo esto es altamente engañoso (¿autoengañoso?), ya que los procesos de desarrollo involucrados en la creación de cualquier órgano son enormemente complejos, pero casi siempre producen productos finales completamente funcionales. Hacer una mano también es complicado, pero la gran mayoría de nosotros terminamos con la variedad funcional de cinco dedos.

Lo que estos artículos omiten es el hecho de que el resultado final del desarrollo sexual en humanos es inequívocamente masculino o femenino más del 99.98 por ciento de las veces. Así, la afirmación de que "2 sexos es demasiado simplista" es engañosa, porque las condiciones intersexuales corresponden a menos del 0,02 por ciento de todos los nacimientos, y las personas intersexuales no son del tercer sexo. Además, la afirmación de que "el sexo es un espectro" también es engañosa, ya que un espectro implica una distribución continua, e incluso amodal (en la que ningún resultado específico es más probable que otros). Sin embargo, el sexo biológico en los seres humanos está claramente definido en el 99,98 por ciento de los casos. Por último, la afirmación de que la clasificación del sexo de las personas basada en la anatomía y la genética "no tiene base en la ciencia" no tiene en sí misma ninguna base en la realidad, ya que cualquier método que muestre una precisión de predicción de más del 99,98 por ciento lo situaría entre los más precisos de todas las ciencias de la vida.

A pesar de la incuestionable realidad del sexo biológico en humanos, los justicieros sociales y los activistas trans continúan promoviendo esta creencia, y responden con indignación cuando se les cuestiona. Señalar cualquiera de los hechos anteriores se considera ahora como sinónimo de transfobia. La masiva red social Twitter —el eje central para el discurso y el debate cultural— ahora está prohibiendo activamente a los usuarios que expongan hechos reales sobre la biología humana básica. Y los biólogos como yo a menudo nos sentamos en silencio, temerosos de defender nuestro propio campo por miedo a que nuestra década de educación seguida de investigación continua, búsqueda de empleo y aspiración catedrática se vuelva obsoleta de la noche a la mañana si la mafia decide apuntarle a uno de nosotros por hablar. Por ello, nuestras objeciones se producen casi exclusivamente entre nosotros en redes privadas de susurros, a pesar de que la mayoría de los biólogos están muy preocupados por estos ataques a nuestro campo por parte de los justicieros sociales. Esta es una situación insostenible.

Es indudablemente cierto que las personas trans llevan vidas muy difíciles, que sólo se ven dificultadas por el fanatismo de los demás. Pero los justicieros sociales parecen ser incapaces o no querer distinguir entre las personas que critican su ideología y las que critican su humanidad. Su sistema inmunológico social parece tan sensible que se consume a sí mismo. Necesitamos reconocer que los temas e ideología trans son complejas y conciernen a una de las comunidades más marginadas del mundo. Por ello, debemos dar a estas cuestiones el respeto que merecen abordándolas con mesura y compasión en lugar de con crudeza y crueldad. Pero no debemos abandonar la verdad en este proceso. Si los justicieros sociales requieren que los científicos rechacen la evolución y la realidad del sexo biológico para ser considerados buenos aliados, entonces nunca podremos ser buenos aliados.

Cuando la evolución estaba bajo el ataque de los defensores de la Creación Bíblica y el Diseño Inteligente, los científicos académicos no estaban bajo ninguna presión para contener las críticas. Esto se debe a que estos movimientos antievolución eran casi exclusivamente producto de evangélicos de derecha que no tenían poder en la academia. Ahora tenemos un problema mucho mayor, porque el negacionismo de la evolución ha vuelto, pero esta vez viene de activistas de izquierda que sí tienen poder en la academia. Esto hace que el problema sea más difícil de ignorar y más difícil de eliminar.

No me entrené para ser científico durante más de una década sólo para sentarme en silencio mientras la ciencia en general, y mi campo en particular, son atacados por activistas que subvierten la verdad a la ideología y a la narrativa. Cuando reflexiono sobre mis razones iniciales de hace más de una década para elegir una carrera como científico académico, se debió en gran medida a la inspiración que sentí de intelectuales públicos como Richard Dawkins, Sam Harris, Stephen Fry y el difunto Christopher Hitchens, quienes me guiaron con el ejemplo y siguieron la razón a dondequiera que les llevara. En ese momento, me pareció que una carrera como científico académico sería la profesión más satisfactoria intelectualmente imaginable. Me permitiría profundizar en cuestiones de la frontera del conocimiento humano, enseñar y entrenar a los estudiantes a pensar críticamente, y transmitir a una nueva generación las virtudes de debatir con audacia la sinrazón en la búsqueda de la verdad.

 

Pero me parece claro que el mundo académico ya no es el que se anunciaba hace una década cuando empecé por este camino. Ya no es un refugio para intelectuales librepensadores y que hablan abiertamente. En cambio, parece que ahora uno debe elegir entre vivir una vida con labios de cremallera como científico académico, o vivir una vida como intelectual satisfecho. Actualmente, no se pueden hacer ambas cosas".

El artículo completo puede ser leído en español aquí y en inglés aquí.