Si discrepás,

te trato de puta

 

 

Por @Roxana Kreimer

@feminisciencia

En lugar de debatir con los argumentos de Amalia Granata, que son contrarios a la despenalización del aborto, Luciana Peker escribe un artículo en el que descalifica a Granata. Una falacia ad hominem, del principio al fin.

 

En un diálogo racional, un argumento no se refuta matando al mensajero, tal como pretende hacerlo la periodista del diario Página 12 Luciana Peker, cuando en lugar de discutir con los argumentos de la conductora Amalia Granata, la convierte en objeto de un ataque personal ("La gauchita", Página 12, 6/7/2018). El mecanismo es muy común , se denomina falacia ad hominem y consiste en desviarse del tema para descalificar al que lo plantea. Pero no hay una conexión lógica entre quien dice algo y lo que dice. "Messi es futbolista" es cierto independientemente de quien pronuncie esa frase.

Lo curioso es que Peker, sin entrar siquiera a examinar los argumentos de Granata, la cuestiona con argumentos machistas. Primero la trata de puta, claro que sin usar esa palabra. ¿Cómo una putita que, según ella, llegó a la fama solo por acostarse con Robbie Williams, ahora se convierte en conservadora y se pronuncia públicamente en contra de la legalización del aborto? La palabra que usa Peker no es puta sino "gauchita", ya que la propia Granata parece haber dicho que cuando se acostó con el cantante, él esperaba que "ella hiciera todo", pero como ella es "gauchita" y le gusta tener esa predisposición, la pasó bien. Aunque la Drae define "gaucho/gaucha" como una persona "noble, valiente y generosa",  Peker sugiere su definición privada de "gauchita", a la que caracteriza como la mujer que "no tiene deseo", algo que no se desprende del relato de Granata, que dice que su deseo y su placer fueron en esa ocasión el de complacer al otro.

Claro que luego de menospreciar a Granata por haber empezado a ser conocida al acostarse con un cantante famoso, escribe "no hay que juzgar a ninguna mujer que llegue a ocupar un lugar con su cuerpo." ¿Entonces en qué quedamos? Luego aclara que esa no debería ser una condición, que otras mujeres quedan fuera de los medios porque no se acostaron con nadie y que "los medios excluyen a las mujeres, a las lesbianas, bisexuales y trans del espejo público del poder y la palabra" , y que ser una sex bomb gauchita es parte del pasaporte que el machismo exige a las jóvenes para franquearles el pasaje." ¿En qué evidencia se basa? En los medios argentinos trabajan infinidad de mujeres. ¿Con quién se acostaron las periodistas Mónica Gutiérrez, Cristina Pérez, María Laura Santillán, que están hace décadas en televisión?" ¿Y Flor de la Ve, y Lizy Tagliani, dos trans muy conocidas en los medios? Buena cantidad si la comparamos con el porcentaje de trans en el total de ciudadanos. Peker salta a la conclusión con el impulso de un atleta, sin sentirse obligada a dar más evidencias que un único caso. Otra falacia: esta vez la de la  generalización indebida.

El atractivo físico sí parece ser un imperativo mayor para la participación de mujeres y no tanto de hombres en los medios argentinos, y es reflejo de que en el mercado amoroso el primer atributo al que se le presta atención en una mujer es el atractivo físico, y el prioritario en un varón es el estatus.

Otro argumento machista de Peker es el que asocia a la mujer conservadora, que identifica en la figura de Granata, con la que "hornea galletas". Es el ama de casa que "no trabaja", ya que la tarea hogareña y la labor reproductiva no califican como tales para la sociedad. El ama de casa aparece implícitamente descalificada por muchas feministas, en virtud de que su ideal no es el masculino, centrado en el mundo del trabajo.

Peker denuncia una doble moral de la que no da evidencias, ya que nada sabemos  de los abortos de Granata ni de los de Wanda Nara, otra figura mediática que se opone a la despenalización del aborto, tema que Peker deja afuera para descalificar a quien tiene una perspectiva distinta a la de ella.

Una democracia progresa si se debate con la mejor versión de lo que dice la persona con la que se discrepa, no si se corroe la autoridad de quien piensa distinto. Al igual que Peker, estoy a favor de la despenalización del aborto. Pero aspiro a que el mes próximo la ley sea sancionada como resultado de la progresiva concientización de la sociedad sobre el tema, y no de la violencia verbal, la descalificación, las falacias y el víctimismo que cultivan buena buena parte de las formadoras de opinión del feminismo hegemónico.