El interés de las mujeres por la

investigación teórica

 

Roxana Kreimer

 

 

En la Facultad de Derecho un grupo de mujeres lanzaron la "Campaña por más mujeres en eventos académicos", entre cuyos fundamentos puede leerse: "con sólo mirar las conformaciones de los paneles en las distintas actividades y eventos académicos que allí se llevan a cabo, es posible afirmar que este imperativo no se cumple con la norma de la Constitución Nacional y el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, que obliga al Estado y a sus dependencias/agencias a garantizar la igualdad de género en las normas y en los hechos" (Red de profesoras, Facultad de derecho, 2018). Pero podría ocurrir que con solo mirar los paneles de los eventos académicos no encontráramos una explicación que respalde la conclusión a la que llegaron las profesoras. En el mismo documento puede leerse que hay una considerable participación de mujeres en la "Comisión de Responsabilidad por Daño Ambiental, pero que "todavía subsisten espacios donde no se cristaliza un verdadero rol activo de nuestras colegas sea por omisión, por trabas burocráticas o cuestiones que pueden y deben ser corregidas". La hipótesis de que menos mujeres que hombres estén interesadas por esos espacios o áreas de interés no figura. Parecen haber diagnosticado sexismo por default, sin evaluar otras hipótesis alternativas.

Cuando muchas feministas diagnostican una discriminación presente, no consideran hipótesis rivales sino que apelan a evidencias históricas de discriminación, anécdotas y cherry-picking (falacia de la evidencia incompleta: búsqueda de ejemplos no representativos de un estado general). Aunque no es fácil encontrar estudios que cataloguen la producción teórica y científica por sexo, en el estudio más grande que se conoce hasta el momento, basado en la clasificación de más de ocho millones de artículos académicos de distintas disciplinas, la producción teórica de mujeres en los Estados Unidos representa 24,21% del total (West y colegas, 2013). Si nos fijamos en el área en la que las profesoras de derecho consignan que hay muchas mujeres, la de Daño Ambiental, observamos que en el estudio de West es una de las que despierta más interés en las investigadoras mujeres (si comparamos el porcentaje con el de la participación de investigadoras en otras disciplinas), pero aún así la producción femenina en Daño radioactivo representa 27,69% del total (7825 mujeres). Si nos fijamos en el porcentaje de publicaciones de mujeres que investigan en todas las áreas del derecho juntas, es del 24,21% (18.503 mujeres).

En la carrera de Derecho de la UBA se reciben más mujeres que hombres, pero una cosa es la práctica profesional (que se desarrolla más como una actividad social, en permanente relación con personas) y otra la tarea de investigación, que suele desarrollarse en soledad, no tiene un anclaje práctico tan directo y supone altos  niveles de sistematización o abstracción. Las profesoras de derecho de la UBA no parecen haber controlado variables preguntándose cuántas mujeres y cuántos hombres han generado producciones teóricas como para participar de un panel, sencillamente constataron la disparidad numérica y meramente por default concluyeron que "algo" -que seguramente no es la preferencia de las mujeres- se los impide. Si se evaluara que en algún área del conocimiento en particular por razones pragmáticas fuera útil contar con mayor participación femenina, se podría tratar de fomentar el interés de las mujeres por esos temas durante la carrera, así como fomentar el interés de los varones por áreas del conocimiento en las que estuvieran subrepresentados y su aporte fuera en principio considerado particularmente valioso. Negarse de plano a esta posibilidad termina encuadrando el problema del mismo modo en que lo hacen las constructivistas sociales, para quienes hombres y mujeres son psicológicamente iguales y cada sexo no puede aportar algo distinto que resulte de utilidad para un área específica del conocimiento.

A juzgar por el otorgamiento de subvenciones, contratos y aceptaciones en revistas académicas, podría pensarse que las disparidades de género están desapareciendo y que en el futuro habrá tantos investigadores de un sexo como de otro. Sin embargo, este análisis a gran escala basado en más de ocho millones de artículos en ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades revela que hay menos producción teórica entre mujeres que entre hombres en todas las disciplinas analizadas, algo que es consistente con la teoría de que las mujeres en promedio se ven más inclinadas hacia trabajos sociales y los hombres hacia objetos y tareas sistematizadoras, vinculadas con el desarrollo de abstracciones y reconocimiento de patrones (West y otros, 2013).

Hemos visto ya que el psicólogo especialista en autismo Simon Baron-Cohen a lo largo de numerosos estudios postuló su teoría del cerebro extremo masculino, que desarrollamos en los primeros capítulos de este libro. Baron-Cohen observó que entre niños autistas es más frecuente la motivación para reconocer patrones, sistematizar y abstraer, y que muchos de ellos se sienten inclinados por las matemáticas (Baron-Cohen, 2010). West tomó disciplinas que tuvieran por lo menos 5000 autores y analizó la producción teórica entre 1990 y 2011. No solo encontró que hay mucha más producción teórica en los hombres, sino que están muy subrepresentadas las mujeres que son autoras exclusivas de un artículo académico.

En todas las disciplinas analizadas hay más hombres que mujeres que publicaron artículos, incluso en el área en la que publican más mujeres, que es Educación, con 46,35% de artículos escritos por mujeres (28.635 autoras). En Estados Unidos, al igual que en la Argentina, hay más veterinarias profesionales mujeres (43.345) que hombres (9.908), según la Asociación Americana de Veterinaria (AVMA, 2018). Sin embargo, en lo que a producción teórica sobre veterinaria respecta, solo un 31,81% son mujeres.

Veamos qué porcentaje de autoras mujeres hay en la producción teórica de las distintas áreas del conocimiento:

Matemáticas: 10,64% (6134 mujeres)

Filosofía: 12,04% (12.190 mujeres)

Economía: 13,68% (69142 mujeres)

Probabilidad y estadística: 18,11% (28.324 mujeres)

Ciencia política internacional: 19,07% (14.908 mujeres)

Ciencia política nacional: 19,09% (15.705 mujeres)

Ecología y evolución: 22,76% (279.012 mujeres)

Derecho 24,21%: (18.503 mujeres)

Marketing y organización: 25,44% (32.119 mujeres)

Daño radioactivo: 27,69% (7825 mujeres)

Estudios clásicos: 28,88% (6372 mujeres)

Biología molecular y celular: 29,25 (277.032 mujeres)

Polución y salud del trabajo: 37, 57% (32.108 mujeres)

Historia: 30, 47% (15.585 mujeres)

Veterinaria: 31,81% (10.960 mujeres)

Ciencia cognitiva: 32.12% (12.786 mujeres)

Antropología: 36,46% (19.900 mujeres)

Sociología: 41,41%: (44.895 mujeres)

Demografía: 41, 90% (7600 mujeres)

Educación: 46,35% (28.635 mujeres)

Vemos que también en materia de investigación las mujeres están en promedio más orientadas a esferas centradas en personas: las áreas en las que más producción teórica generan es educación, demografía (el estudio estadístico de las poblaciones humanas según su estado y distribución en un momento determinado o según su evolución histórica), sociología y antropología.

Podría pensarse que a las mujeres las discriminan y no las dejan publicar. Sin embargo, un estudio hecho con 760,000 revisiones de casi 350,000 artículos de 145 revistas académicas, incluidos 184,000 artículos de 50 revistas de ciencias físicas, mostró evidencias de que no hay una discriminación sistemática contra las mujeres en la publicación de artículos académicos (Squazzoni y otros, 2020).

El menor interés promedio de las mujeres por la producción teórica es visible también en el porcentaje de mujeres que escribe artículos para Wikipedia. Evidentemente no se trata de un ámbito académico, pero sí de un medio de divulgación y síntesis teórica de conocimientos producidos en otros ámbitos. Un estudio realizado en 2008 reveló que solo el 13% de los que contribuyen a Wikipedia en todo el mundo son mujeres (Torres, 2016).

Bibliografía

Baron‐Cohen, S. (2010). The Empathizing‐Systematizing (E‐S) Theory of Autism: A Cognitive Developmental Account. The Wiley‐Blackwell Handbook of Childhood Cognitive Development, 626-639.

Red de profesoras Facultad de Derecho: "# NO SIN ELLAS (Campaña por más mujeres en eventos académicos)", 31 de octubre de 2018 en http://ambientalabp.blogspot.com/2018/10/no-sin-ellas-campana-por-mas-mujeres-en.html Ultima visita el 29 de febrero de 2020.

Squazzoni, F., Bravo, G., Dondio, P., Farjam, M., Marusic, A., Mehmani, B., ... & Grimaldo, F. (2020). No evidence of any systematic bias against manuscripts by women in the peer review process of 145 scholarly journals.

Torres, N., Why Do So Few Women Edit Wikipedia?, 2 de junio de 2016, en https://hbr.org/2016/06/why-do-so-few-women-edit-wikipedia Ultima visita el 29 de febrero de 2020.

West, J. D., Jacquet, J., King, M. M., Correll, S. J., & Bergstrom, C. T. (2013). The role of gender in scholarly authorship. PloS one, 8(7).